Un Yomo es un guerrero samurai, tremendamente disciplinado y
dispuesto siempre a dar la batalla. Esas son exactamente las
virtudes que destacan a José Alberto Torres Aberu, un joven nacido
en Chicago, de ascendencia puertorriqueña, decidido a poner su
nombre, su música urbana y su estilo de vida en letras doradas, de
ahí a bautizarse artísticamente con este nombre japonés.
La historia de Yomo se enmarca en la que viven millones de
inmigrantes e hijos de inmigrantes que llegan a Estados Unidos. Por
razones familiares, a los tres años, Yomo dejó este país, para
vivir en casa de su abuela en el pequeño pueblo de Humacao, Puerto
Rico. Un lugar, donde aprendió la belleza del campo, la riqueza de
lo simple, el trabajo duro y los vínculos incondicionales de
familia.
Aunque su padre abandonó a Yomo y sus dos hermanos mayores cuando
eran apenas unos niños, el artista reconoce que es a él a quien le
debe la herencia musical. “El siempre me cantaba una canción para
hacerme dormir. Nunca la olvidé”, recuerda el cantante.
La madre de Yomo trabajó arduamente para educar y mantener a sus
tres hijos, algo que marcó profundamente al rapero, quien se
inspira contanstemente en ella para muchas de sus canciones.
“Siempre fui muy melancólico, muy solitario, por eso es que la
música se convirtió en mi vía de expresión. Me pasaba la vida
cantando y ensayando cómo algún día iba a hablar con la prensa”,
rememora el artista.
El talento de Yomo no tardó mucho en manifestarse, pues estaba aún
en la escuela elemental cuando tuvo la oportunidad de grabar su
primer rap, el cual llegó hasta Washington. “Recuerdo que era un
rap que escribió mi maestra sobre las matemáticas. Lo grabé
cantando y lo presentaron en una feria en DC”, comenta.
Su peculiar voz la puso en práctica a través de los festivales
escolares y de cuanto evento encontraba. También se dio cuenta de
que las letras le fluían de forma natural, comenzando a realizar
sus propias composiciones e iniciándose en la escena underground
del género urbano en Puerto Rico.
A fines de los 90 se mudó a Nueva York, empapándose de las
influencias del momento, tanto en español como inglés. Tiempo
después regresó a Puerto Rico con un cúmulo de experiencias nuevas,
pero aún al margen de la música profesional. De hecho, debió
trabajar como “handyman”, sin imaginar que en ese lugar,
encontraría “ángeles” que le darían el impulso que necesitaba.
“Mientras limpiaba y realiza mis tareas diarias, me pasaba
cantando. Recuerdo que uno de mis jefes, Salazar, me ponía a mapear
para escucharme cantar. Hasta que un día él y mis compañeros me
preguntaron ¿qué necesitas para poder empezar en esto de la música?
Un demo, les dije. Y eso costaba 300 dólares. Entonces, lo que
hicieron fue una colecta para reunir el dinero y que yo pudiera
hacerlo. Y así sucedió”. Con esos 300 dólares, Yomo grabó tres
canciones que marcaron un parteaguas en su carrera. Una de esas
canciones es My Destiny, la cual forma parte de su más reciente
disco y está dedicada a Mandito, uno de sus mejores amigos de
infancia, el cual falleció en un trágico accidente escolar. “Esa
canción la retomé años después porque forma parte esencial de mi
vida y en este disco está tal cual se grabó en aquel demo”.
En medio de la escena underground, OG Black y Master Joe
descubrieron a este joven talentoso y creativo que transmitía algo
distinto. Por eso, de inmediato lo sumaron a sus giras por Puerto
Rico, República Dominicana y algunas ciudades de Estados Unidos.
Posteriormente, mientras Yomo cantaba en un evento de una escuela,
lo vio Héctor El Father y fue tal el impacto que le provocó, que
decidió firmarlo en su disquera Gold Star.
Yomo sobresalió en la producción Sangre Nueva con el tema Déjale
Caer To’o el Peso, que hasta hoy es su carta de presentación en
varios países y llegó a los primeros lugares de Billboard,
elevándolo a la categoría de gran revelación en el género
urbano.
Yomo ha sido invitado por artistas como Víctor Manuelle, Fat Joe,
Wisin y Yandel, Daddy Yankee entre otros para participar en sus
producciones y presentaciones en vivo. Hace un par de años, el
sello Black Pearl vio el tremendo potencial de este artista:
genuino, valorado por su trayectoria limpia, por una actitud ajena
a los líos que caracterizan a mayoría de los exponentes del género,
destacándose además por sus líricas profundas, reales y con clase.
La disquera lo firmó de inmediato, inyectándole toda la energía y
apoyo que él necesita. Juntos, lanzaron My Destiny, el primer álbum
de Yomo, con el cual su nombre ha comenzado con aquellas letras
doradas con las que él soñó.
Temas como Tú te la traes, Descará, Eje Eje, entre otros, han
entrado de lleno en el gusto del público que gusta de la música
urbana, pero está ávido de un toque diferente.
“He pasado muchos momentos difíciles, pero siempre que pasan,
recuerdo a la gente que me ayudó en algún momento y hago lo que sea
para no fallarle. Con las dificultades, saco lo mejor de mí”,
comenta.
Yomo, un poeta de la calle, un artista hecho a pulso... un
samurai occidental.